Brasilia: Un cuento de hadas

3 nov

     Puede que vivir en un cuento de hadas resulte aburrido para la mayoría de personas, porque el estricto orden y perfección abundan, sin embargo también parece imposible que en cinco años se haya creado una ciudad de tal magnitud en un desierto en medio del gigante Brasil. Para mí, conocer Brasilia significó encontrarme conmigo misma y ¿Por qué no decirlo? Sólo bastaron siete días para vivir un sueño.

     Hablo de una ciudad diseñada hace medio siglo, para ser la capital de un país, sus condiciones climatológicas se prestan para tener paz y tranquilidad durante todo el año, una iluminación natural excelente para la fotografía, hay tanto espacio visual y minimalismo en las principales infraestructuras de la ciudad, que no da tiempo a estresarse. De hecho a mi parecer, estas condiciones juegan un papel importante a la hora de realizar cualquier trabajo, pues todo está dispuesto para que las cosas salgan bien.

     Lo más atractivo ante mis ojos fue el Congreso Nacional de Brasil, con sus gigantes obras minimalistas. Aunque en el sector cultural sur podemos entrar a la Catedral Nuestra Señora Aparecida, desde afuera ya te quedas con la boca abierta, pues no se trata de una obra de Gaudi, ni de la era gótica o renacentista, es el producto para una nueva generación que no deja de sorprendernos.

     Cogí  el auto y me dirigí sin rumbo definido cuando aparece ante mis ojos el Puente Juscelino Kubitschek, o bien conocido como el puente JK. Mira que he visto puentes… pero debo quitarme el sombrero ante su arquitecto, Alexander Chan, de hecho ha recibido varios premios por su magnífica obra ¡Es todo un espectáculo! Y todo aquel que vaya a Brasilia tiene que cruzarlo sólo para disfrutar de una obra maestra. ;)

     Otros sitios donde me entretuve bastante fueron el palacio de gobierno, el mercado de la antena, donde los fines de semana se reúnen un grupo de personas para practicar capoeira  y entretener a los turistas. :) También disfruté del lago artificial Paranoá, donde puedes pasar una tarde entera sin aburrirte, bien sea leyendo, practicando meditación, caminando, tomándote fotos fabulosas y comiendo algo en Mormai, donde por cierto comerás riquísimo, bueno, realmente en todos se come muy bien, disfrutando a la vez de una panorámica excelente… y por supuesto, no dejen de ir a ¡la churrasquería Pampa! En la que puedes comer todo lo que quieras, con la animación de un grupo musical pagando un precio realmente simbólico, pues la comida en Brasil es uno de los consumibles más económicos de su mercado.

     En fin, no hay palabras para describir la tranquilidad con la que se vive en la ciudad, la amplitud que tienes alrededor y la paz que vives al respirar. Algunas personas dicen que soy exagerada y que Brasilia es sumamente aburrida, pero bueno, para gustos, los colores… y a mí me encantó la variedad de colores que vieron mis ojos cada amanecer durante siete días ;) en esta hermosa ciudad que fue construida para llevar la bandera del  nuevo milenio.

     ¡Un beso a todos y ya me contarán cuando vayan!

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