De paseo por Marrakech

     Definida como la ciudad roja porque para donde voltees los edificios son de este color por decisión de la corona,  Marrakech es junto  a Fez, Rabat y Meknes, una de las ciudades imperiales de Marruecos, de hecho cuando fue fundada en 1062 por la estirpe berebere de los almorávides se convirtió en la capital del Imperio Islámico hasta el año 1911. Pero no hablemos de su historia sino de la impresión que me causó la “Tierra de Dios”.

     El trayecto:

     En Barajas tuvimos un percance con el vuelo de Iberia, al parecer hubo algún tipo de problema porque la aeronave sonaba como una máquina vieja a la que se le iban a salir los tornillos, después de todas las peticiones elevadas al cielo para que no nos cayéramos en algún lado de España o en el estrecho de Gibraltar, el avión emprendió vuelo. Luego me enteré de que a Marruecos envían los aviones más antiguos. ¿Será porque si ocurre algún atentado las compañías aéreas no tendrían grandes pérdidas con estas máquinas? Aunque al parecer les importa muy poco el bienestar físico y psicológico de los pasajeros.

     Al llegar al Aeropuerto de Menara empezó la emoción, pasamos la aduana y ya nos esperaban para llevarnos al hotel. Un guía muy simpático nos habló un poco sobre lo que es la ciudad y todo lo que encontraremos en ella.

     Itinerario:

     Mi primer punto fue el Palacio de la Bahía, mandado a construir a finales  del siglo XIX por un visir de la corte real, para convertirse según mi criterio, en la máxima expresión de la cultura árabe. Aunque una parte del edificio estaba reservada a las habitaciones de las veinticuatro concubinas del visir, que también tenía cuatro esposas, cuando entras allí te quedas boquiabierto con el diseño arquitectónico. Para donde mires encuentras el arte expresado tanto en las puertas y paredes, como en el techo, pilares y suelo, en fin, en todos lados; y aunque cualquiera que lea este reportaje se imagine la escena muy sobre cargada está equivocado, definitivamente hay que ver personalmente la combinación de mosaicos y detalles de madera de cedro tallada que forman el conjunto.

               

     Saliendo del Palacio de la Bahía, decidí visitar las Tumbas Saadíes, para llegar a ellas hay que cruzar una callejuela escondida junto al muro meridional de la mezquita kasbah, que lleva a una pequeña puerta en arco, una vez pasado este umbral con acceso al jardín, se ven las tumbas sagradas de los sultanes, que en otros tiempos fueron escondidas a los infieles. Lo que más me llamó la atención del mausoleo fue la sala de las doce columnas, por la estética que posee, debido a  los mosaicos variopintos decorados con azulejos esmaltados, toda una obra de arte.

     

     Debo destacar que el personal del hotel fue muy amable en todo momento, disfruté de la piscina y de un jardín precioso, donde pude descansar y relajarme para continuar con mi recorrido al día siguiente y visitar una de las grandes obras de la arquitectura almohade, la Mezquita Kutubia, construida en el siglo XII, famosa por su minarete de base cuadrada que quiso construir Yacoub el Mansour  y que representó el modelo de referencia para la Giralda de Sevilla y para la Torre Hasan en Rabat, ésta última aun no la conozco.  La Kutubia es el edificio más alto de Marrakech, mide unos 77 metros de altura, dominando de esta manera la Medina, con su cuerpo desnudo de ladrillos culminados con globos de bronce y frisos de azulejo debajo del almenaje. Es obvio que no pude entrar, así que ignoro su diseño interior desde donde los muecines llaman a los fieles a la oración ritual cinco veces al día, pero si sé que es lo suficientemente amplia como para poder subir a caballo hasta la cima.

      

La Medina de Marrakech o ciudad vieja está rodeada por un cordón de fortificaciones hechas de tierra roja que encierran un laberinto de callejuelas, palacios, mezquitas, miranetes, cúpulas y mercados, que la convirtieron en Patrimonio de la Humanidad en el año 1985. Pero ¿Se imaginan caminar por toda la zona y por toda Marrakech y no ver un color distinto al rojo ocre? Puede que nos sofoque un poco este color en combinación con el calor que hace en la ciudad, pero es la regla para todas las antiguas y nuevas construcciones, usar la tierra local como material de construcción, quizás de esta manera se reducen costos.

     ¿Les parece si nos vamos de compras?

     Marrakech posee el mercado tradicional más grande del país, entonces ya tenemos el resto del día para comprar y regatear en los Suks o Zocos, ubicados en la parte norte de la Plaza Yamaa Elfna, la cual duerme de día en espera de la movida nocturna. Es mejor ir acompañado de un guía que te ayude a entender y hacerte entender por los comerciantes, ese guía te dice cuantas veces debes regatear un producto, recorre todas las calles contigo y te espera, a cambio de unos 20 dirhams, al menos eso fue lo que le di y quedó muy contento.

     Las dos calles principales del zoco son la Rue Semarine y la Rue Mouassine. En la primera, llena de pequeños bazares, me compré unas sandalias de cuero, una blusa, bufandas tradicionales, especias y cremas; y hasta me dieron un masaje después de que me dijeran que una cucharada de comino en grano mezclada con agua es lo mejor para el estómago después de las comidas copiosas que nos ofrece la ciudad. ¿Estupendo verdad? En la segunda calle, un poco más relajada, entre en una tienda de textiles donde aprecié unos vestidos espectaculares que podían costarte hasta tres mil dírhams, así que pasé de ellos y me traje un chaleco artesanal hecho con lana bordada que me será muy útil este invierno. Me quería traer metros de telas, pero no cabrían en mi maleta.

      El marroquí te ofrece de todo con una sonrisa, te mide la ropa, te busca zapatos a juego, te adula y es casi imposible decirles que no, pero forma parte de su cultura comercial, siempre tan amables. Así que hay que armarse de valor y comprar sólo lo que nos guste y podamos pagar.

     De vuelta al hotel, me duché, descansé y como buena compradora a la que le gusta estrenar todo lo antes posible, me vestí y maquillé con aire marroquí para sentirme parte de ellos y salí rumbo a la gran plaza de Yamaa Elfna. Necesitaba saber qué era sentirse allí en medio de todas esas luces que ves en las fotos.

     Debo confesar que sufrí una decepción, esperaba disfrutar de algo pintoresco y terminé en medio de un montón de tiendas de campaña con cables llenos de bombillas amarillas que recorrían uno a uno todos los negocios que conforman lo que diríamos en mi país, “la calle del hambre”. En fin, tuve que superarlo rápidamente porque quería cenar. Cuando iba a cenar con mi compañero un hombre nos ofrece entrar en su negocio y de pronto vemos que se empieza a gritar con su vecino y ¡hasta se dan empujones! Cuando caímos en cuenta, estaban peleando por nosotros, porque él nos había visto primero. Pero decidimos seguir caminando y de pronto mi compañero siente que alguien le acaricia el brazo y le dice “¡tú, Tarzán!” porque estaba musculado y a medida que íbamos caminando todos querían tocarlo y no sabíamos qué hacer, pues la situación era realmente incómoda. Está bien que la amabilidad forme parte de su cultura pero es que esto ya es de maricones.

     Al final encontramos una tienda más tranquila, sin variedad de menú porque todas venden lo mismo. Nos atendieron súper bien y la comida bastante económica respecto al cambio del Euro, claro mi compañero estaba más tranquilo porque en este negocio respetaron sus brazos. Decidimos dar una vuelta por el lado oeste de la plaza donde encontramos acróbatas, malabaristas con el fuego, bailarines, músicos y encantadores de serpientes. El final de la velada estuvo bastante entretenido, no puedo quejarme, eso sí, no hay que descuidar los bolsos, siempre habrá uno que otro ladroncillo pendiente de robar a los turistas.

     Pensé que lo había visto todo. Al día siguiente bajé a la piscina del hotel, desayuné y comencé a escribir sobre este viaje, cuando me dirigí al lobby me encontré con el guía turístico que me enseñó la Medina hace dos días y me preguntó si quería asistir a la Cena Fantasía en el Chez Alí, ¡un sitio fantástico! Nos recibió un grupo musical y ¡comenzó la fiesta!

 

Disfruté de una demostración de cómo preparar el cous cous y cómo hacer cuajada.

 

Una chica me tatuó la mano con henna  y una hora ya estaba en primera fila para divertirme con la corrida marroquí, donde cada grupo de jinetes representa a la mejor tribu con espectaculares acrobacias.  También se presentaron grupos musicales y de danza árabe;  y como no podía faltar, ¡mucha pólvora para mantenernos fascinados!

 

 

 

 

 

 

Por último a cenar, por supuesto, también cantaron en la cena para todos nosotros.

     Sirvieron una Harira (sopa de verduras) que además tiene arroz y legumbres, seguido con un cous cous con vegetales y verduras para luego terminar con un cordero asado. Bueno ya estarán imaginando que llegué al hotel a tomarme mi vaso de agua con la cucharadita de comino y dormí tranquilamente.

     El viaje por Marrakech me llevó a conocer una cultura completamente distinta, de gente amable, que siempre está a tu servicio pero celosa de su intimidad, gente que vive acorde con sus creencias religiosas y esos aspectos hay que valorarlos y sobre todo respetarlos, ya que en nuestros países hemos perdido mucho sobre nuestras tradiciones por pensar en la evolución que hasta el momento no nos ha llevado a ningún estatus superior, ¡así que un fuerte abrazo a esta ciudad que fue mi anfitriona!

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2 comentarios en “De paseo por Marrakech”

  1. Quería felicitarde por esta magnífica página que ha creado y por lo excelentes comentaríos e información que nos ha detallado..Me gustaría conocerla en persona para aprender de usted…Gracias y buenas noches o mejro dicho madrugadas

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