El Ávila, mi inspiración

     Cada mañana al despertar, mientras esté en Caracas busco mirar hacia El Ávila, para respirar profundamente y sentir que sigo viva.

      Este gran pulmón vegetal, es el refugio de muchos caraqueños que vienen a trotar, practicar meditación, yoga, ciclismo de montaña o sencillamente vienen a acampar.

     Pero esta vez he tomado el camino más fácil porque la última casi termino asfixiada, pues la subida es fuerte; y decidí dirigirme a la estación del Warairarepano para coger el teleférico, pues es mucho más rápido y aparte iré a un destino distinto que al que se llega caminando, pues este es más para hacer deporte y yo hoy vengo de ocio.

     Arriba se puede comer, patinar, participar en las actividades recreativas durante los fines de semana o fechas especiales y desde la cima te sientes en el límite entre la panorámica capitalina y el litoral de la Guaira. De hecho hay un punto desde donde puedes ver ambos lados con tan solo girar la cabeza. ¡Emocionante! 

     El Ávila es la montaña que protege del mar al valle de Caracas, tiene una altura de 2.765 metros y en él habitan innumerables especies tanto de flora como de fauna, claro, también hay serpientes, así que es mejor no intentar salirse de los caminos señalados para los que suben a pie.

         

 

     Debo agregar que las instalaciones están en buen estado, fueron restauradas por completo aproximadamente hace diez años y se ve que tienen un buen mantenimiento, es decir, que hasta el momento no se ha caído ninguna cabina, ni nadie ha pasado un susto.

     Después de haber subido y recorrido el corto tramo para visitar el Hotel Humbolt, decidí esperar una de las camionetas, que sirven de transporte para bajar a Galipán “el pueblo de las flores” ya que sus pobladores fueron famosos en el pasado por el cultivo de las mismas.  Ahora disfrutamos de un paseo tranquilo, donde apreciamos los dulces y bebidas de la localidad, que por cierto te calientan bien el cuerpo, también se comen unos sándwiches de pernil buenísimos…

   

Y ¿Por qué no? ¡Podemos seguir comprando flores! Imposible resistirse a tantas tentaciones juntas…

     Ya después de haber caminado, comido, respirado aire puro, reído, conversado y hasta bailado, me dispuse a subir nuevamente en uno de esos toyotas, en los que por quince minutos aproximadamente, di saltos sobre el asiento contra el techo, junto a las siete personas que me acompañaban, pues el camino es bastante rústico, algo realmente divertido, pues se rompió el hielo desde el principio y todos los desconocidos llegamos a nuestro destino contando las anécdotas del paseo, para montarnos en la cabina del teleférico y volver a la amada jungla de concreto, refrescados y con ganas de seguir viviendo.

     Y como dijo Ilan Chester en su canción: “Y sabes Dios, los pintores, las paletas, cuántas plumas de poetas, cuántos ojos encontraron un momento de solaz”.

Anuncios

2 comentarios en “El Ávila, mi inspiración”

  1. Hola que tal¡

    Permiteme presentarme soy tania administradora de un directorio de blogs y webs, visité tu página y está genial, me encantaría contar con tu site en mi sitio web y asi mis visitas puedan visitarlo tambien.

    Si estas de acuerdo no dudes en escribirme

    Exitos con tu página.
    Un beso

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s